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 ¿Por qué no te callas?

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MensajeTema: ¿Por qué no te callas?    Mar 17 Ene 2012, 06:53

El rey Juan Carlos de España lo tenía claro cuando explotó ante una perorata del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y le espetó "¡Por qué no te callas!" en medio de la clausura de la XVII Cumbre Iberoamericana en el 2007. El exabrupto del rey (similar al "cállate, cállate, que me desesperas" que le solía decir el Chavo del 8 a Quico en el programa de televisión) no tardó en convertirse en una frase célebre, que incluso llegó a transformarse en un popular timbre para teléfonos celulares. El monarca español parecía darle voz a lo que muchos desearían decirle a ese hablador constante que tienen cerca.

Ahora bien, no todos podemos darnos el lujo de hacer lo mismo con aquellos habladores compulsivos que nos rodean. Lo cierto es que ya sea en el trabajo, a nivel social o incluso dentro de una pareja o la familia, todos conocemos a alguien que monopoliza la conversación sin considerar a los demás.

Hay quienes lo hacen por ansiedad; otros sienten la necesidad de controlar lo que se habla a su alrededor sin escuchar a más nadie. Aun otros, y estos casos son más delicados, responden a una condición clínica.

"Hay distintos tipos de personalidades", señala la sicóloga clínica Carmen Márquez Pérez. "Una persona que habla mucho podría tener alguna patología; hay que separar si hay algún tipo de trastorno".

Esta conducta se estudia por sicólogos y expertos en comunicación interpersonal, quienes coinciden en que el acercamiento a un hablador crónico debe comenzar por la comprensión.

"No es un asunto de una sola mirada o un solo factor", señala la sicóloga social Ruth Nina. "Hay que considerar múltiples factores para entenderlo mejor".

En fin, no se trata de hacer mutis y dejar que el parlanchín o parlanchina irremediable arruine nuestra productividad en el trabajo o nuestra vida social. Sin embargo, antes de explotar como lo hizo el rey Juan Carlos, hay maneras mucho más saludables de hacerle ver a un sujeto que cae en esta conducta su comportamiento, y todas empiezan por entender qué tipo de hablador nos agria la vida con su cotorreo.

¿Patología o compulsión?

No todos los que hablan sin cesar responden a alguna patología, pero algunos sí, y esos casos requieren de más cuidado.

"Hay personas que son maniaco-depresivas y puede que cuando entren en fase manía hablen y hablen sin parar", indica la Dra. Márquez Pérez. "Son personas que pueden estar calladas un día y bien alteradas el otro". Según la sicóloga, en este tipo de perfil se debe reconocer que, si el afectado está "en uno de sus días de alteración, pues eso se debe comprender".

Lo importante es identificar el impacto que pueden tener estos sujetos sobre el bienestar de uno. "Una persona así, que agobia, que te chupa la energía -como decimos en el diario vivir-, que no para de hablar y tus oídos no aguantan más, hay que ver si tiene un impacto negativo en ti. Ahí diferenciamos si es una persona que no está bien".

Mar de palabras

Otra causa común para los que de momento se ahogan en un mar de palabras es la ansiedad. Puede pasar en una entrevista de trabajo, en una primera cita con interés romántico, o en otros momentos de alta tensión.

"Usualmente este tipo de situación tiene que ver mucho con los nervios", menciona la experta en comunicación laboral Beatriz Ferreira.

"Para compensar por la inseguridad en una entrevista de trabajo, mucha gente se pone a hablar de más", añade la presidenta de R B Personnel.

Para evitar caer en esta trampa, Ferreira recomienda llegar preparado a la entrevista. Esto podría consistir en pensar en posibles preguntas y tener contestaciones que no se alarguen: "Hay que hablar pausado y pensar las contestaciones en tres partes".

Una vez dentro del espacio profesional se presentan otros tipos de situaciones. Cada oficina parece tener uno, alguien que limita la productividad de sus compañeros de trabajo con su monólogo continuo. En ese caso el perfil cambia: ya no es un balbuceo nervioso, sino más bien el producto de una personalidad hipersocial.

Ferreira identifica en este renglón a "personas bien sociables, que tienen una apertura con todos sus compañeros. Toda la oficina conoce la vida y milagros de ellos".

Para Ferreira, la regla dorada de la cháchara en el espacio de trabajo se circunscribe a "tener conversaciones de calidad, pero en el momento indicado".

Monólogos de narciso

A menudo quienes hablan sin parar lo hacen porque derivan una satisfacción malsana de escucharse a sí mismos. En los monólogos públicos que sostienen rara vez hay espacio para escuchar otros puntos de vista.

"Hay gente que sufre de egocentrismo y necesita ser el centro de atención para controlar el proceso", menciona Nina. "Es gente que se siente rechazada, porque los que están a su alrededor les sacan el cuerpo al hastiarse de ellos".

El impulso obsesivo-compulsivo en esta población tiene que ver con una personalidad narcisista, que no admite otras opiniones o ideas y también podría responder a problemas de autoestima. Nina especifica que los que caen en este patrón se pueden sentir "solos por dentro. Hablan mucho porque esto les satisface, a menudo interrumpen a los demás".

No solo en el trabajo se encuentra esta situación. También puede pasar con un familiar, un vecino, un amigo o incluso con una pareja sentimental.

"En términos de pareja hay que pensar en qué etapa está, cuánto tiempo lleva", explica Nina. "El fenómeno va a variar si se da en la etapa de adaptación, que son los primeros años, o si pasa en los años de cambio o crisis, cuando la pareja ya lleva de 5 a 7 años y se dan muchas transformaciones".

Habladores anónimos

Para el hablador crónico también existen soluciones. La más básica está en buscar ayuda profesional a través de un sicólogo.

"No todo el mundo va a un sicólogo porque tiene una dificultad de depresión o ansiedad", explica Nina. "Algunos van para aprender a comunicarse mejor".

El enfoque del tratamiento podría variar según el perfil. Para eso también existen una variedad de terapias sicológicas. "Existen diferentes modelos que se pueden utilizar", dice la Dra. Márquez Pérez. "Uno de ellos es el conductual cognitivo, donde se trabaja con las creencias y las conductas de las personas".

De lo profesional a lo personal, los habladores crónicos se ven afectados en varias facetas de su vida. A veces no se trata de llegar al silencio absoluto, sino de aprender a escuchar. Llegar a un estado de comunicación más efectivo redunda en bienestar.

"La personalidad es bien complicada y es importante seguir desarrollando la inteligencia emocional de cada cual", termina por decir la Dra. Márquez Pérez. "En la medida en que resuelvas tus problemas emocionales, así te vas a proyectar hacia la gente".

Perfiles de los habladores compulsivos

El maniaco-depresivo en fase manía

Al alterarse hablan y hablan luego de pasar días en silencio.

El ansioso

No puede parar de hablar al exponerse a una situación que lo pone nervioso.

El hipersocial

Su sociabilidad es tal que no cierra el pico hasta que haya contado todas sus intimidades.

El controlador

De corte egocéntrico y personalidad narcisista, monopoliza las conversaciones sin escuchar a los demás
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